UNA BOTELLA QUE ENAMORA

Algunas veces pasa… hay productos tan asociados a su imagen que no se pueden concebir el uno sin el otro.

Solo ver nuestra estilizada y elegante botella con ese precioso color azul cobalto, su aroma y sus propiedades comienzan a aparecer. Como también los recuerdos de tantísimos años como elemento constante en cualquier hogar español que se precie.

Algunas veces pasa… tanta carga de nostalgia y romanticismo en un solo golpe de vista.

Algunas veces pasa…Agua de Azahar la Giralda

 

 

 

 

Receta de Cupcake con Agua de Azahar

Hola a todos, hoy queremos enseñaros una receta con agua de azahar, muy fresquita para esta epoca del año que aparece en Boulevar Pink.

Esperomos que os guste!!!!

Cupcake con Agua de Azahar

Cupcakes super fresco de agua de azahar y lima

Ingredientes básico para la masa de cupcakes:

4 Huevos

150 gramos de Harina blanca

50  gramos de Maicena

1 sobre levadura royal

100 ml aceite de oliva suave o aceite de girasol

ralladura de lima o limón

2 cucharas sopera de Agua de Azahar

200 gramos de azúcar (o menos)

 

Capa de chocolate blanco al limón

150 gramos de chocolate blanco  + ralladura de lima o limón  algunas gotas de lima o limón para dar un pequeño sabor

Elaboración:

Precalentar el horno a 180º-190º. Batir los huevos con el azúcar hasta que la crema se vuelva blanca y duplique su volumen.  Tamizar la harina,maicena y levadura.  Poco a poco, utilizando una cuchara, mezclamos la crema de yema que hemos estado batiendo anteriormente con la mezcla de harina,levadura  y maicena.  Ahora añadir el aceite de oliva y mover delicadamente hasta que todo este bien incorporado.  Por ultimo agregamos las 2 cucharas de agua de azahar y la ralladura de lima o limón. Repartir la mezcla en capsulas de papel que irán dentro de unos moldes más rígido apropiados para magdalenas o cupcakes, esto hará que la capsulas no se abra de todo y la masa suba hacia arriba. Para elaborar la decoración solo necesitamos chocolate blanco que podemos fundir en baño maria o unos minutos en microondas.  Añadir ralladura de limón o lima y también alguna fotos de zumo aunque en muy poca cantidad moviendo constantemente con una cuchara commander viagra en ligne.  Cubrir y decorar con ralladura de lima y algunas rodajas cortadas por la mitad tal como se muestra en la foto. Para servir he decidido hacerlo más fresco presentando  en un bol con mucho hielo

 

 

 

UN CHUTE DE AZAHAR

Que mejor momento para daros la bienvenida que ahora que ha llegado la primavera, ya estan todos los naranjos en flor y  cada rincón de Sevilla  oliendo a azahar.

Comenzamos nuestra andadura con un artículo de Antonio Burgos que publicó en El Mundo Andalucía con el título ” Un chute de Azahar”.

Espero que os guste !!!

El Recuadro    El Mundo de Andalucía, viernes 12 de marzo de 1999

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Un chute de azahar

foto-a-burgos

 

La calle Sierpes, imagen universal de Sevilla Concha es sevillana. Es profesora de Historia del Arte. Vive en Estados Unidos. En el Estado de Georgia, siempre el Sur de los andaluces. No lejos del lugar donde el poeta Manuel Mantero tiene una casa con muchos libros, muchos recuerdos de Sevilla y unos acres de pinos y olmos que le recuerdan a veces el paisaje de una infancia en la Cárcava de Sanlúcar la Mayor. Concha me lee todos los días por Internet. Concha, muchas noches, me escribe preguntándome cosas de Sevilla. Me pregunta por el Giraldillo nuevo. Me pregunta por viejos profesores de aquella nuestra Facultad de Letras del patio de pilistras y silencios del Laboratorio de Arte. Me pregunta por las lejanas calles queridas, por Sierpes, por la Plaza.

Y le voy contando a Concha las nuevas de Sevilla, que es como escribir la crónica de la cernudiana desolación de la quimera, o como poner por correo electrónico días irrecuperables de los años irreparables de Rafael Montesinos, o como entrarse por la puerta del país de la esperanza en la tierra de las Esperanzas. En el fondo, todos vivimos tan lejos de Sevilla como Concha. Sevilla es cada día, para todos, en todos los tiempos, una ciudad que se aleja, otra ciudad que viene. Bécquer, una vez que volvió, se preguntó por qué habían desaparecido tantas cosas y para qué habían aparecido otras. Siempre estamos haciéndonos las preguntas de Bécquer. Ciudad presocrática de la parte del todo fluye río abajo y nada permanece sobre las veletas de las espadañas, esa cigüeña de San Blas no es aquella cigüeña de San Blas en la vieja Fábrica de Artillería.

Leyendo los mensajes de Concha me adentro por las sierpes y siete revueltas de las nostalgias de Sevilla, de los futuros de Sevilla. Pienso que en esta ciudad cambiante, el rito cumple una función de piedra fundacional, de cimiento de la memoria colectiva. El gozo de las vísperas de la Semana Santa es la certeza de que es preciso que algo no cambie para que todo permanezca. Sabemos que llegará el Domingo de Ramos con la misma luz de siempre, con los mismos estrenos de siempre, con los mismos sonidos de siempre. Esos mismos sonidos tradicionales de Sevilla, que han sido recogidos en un disco, son una maroma del lanchón de la cucaña de la Velá de Santana que nos amarran al muelle del río que nos lleva, noray de bronce antiguo de campana que sonará con el sonido de siempre cuando las calles se llenen de sillas y los balcones de palmas nuevas.

Es la seguridad del azahar. Este azahar que dentro de unos días oleremos, si es que por algunos secretos jardines no se está ya oliendo, es el mismo azahar que olieron nuestros padres, en primaveras de noviazgo que tenían tres colores: rojo, amarillo y morado. El mismo azahar que trasminaba desde el patio en casa de la abuela, entre aquellos ceniceros chilenos de cobre de la juventud vivida en la Exposición Iberoamericana. La memoria de una ciudad puede estar en el olor de una flor. Las memorias de sus hombres pueden escribirse en las ramas blancas de unos árboles.

Y por eso Concha, cuando llegan estas fechas, en su casa americana de Georgia, sube a un secreto rincón del soberado donde hay cajas de fotos con primeros vestidos de nazareno y amigas de flamenca. Su sangre es sevillana, y no hay lejanías que remansen el recuerdo. Allí, en el cuarto de los chismes, Concha tiene una botella azul y alargada, de nervios de mañanas de exámenes. Concha abre la botella, la huele. Dice que tiene que darse un chute de azahar. En la casa americana de Concha, a estas horas el recuerdo de olor del agua de azahar habrá proclamado ya la primavera.